Pesadilla de jengibre para Todos los Santos


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Pesadilla de jenjibre para Todos los Santos: una nueva entrega de Luci Bom en exclusiva para Miss Bombones

Se acerca la festividad de Todos los Santos y, como viene siendo costumbre en este blog, las efemérides suelen venir acompañadas de su correspondiente receta. No podíamos faltar a esta cita -la de dar una receta, y la de Todos los Santos, las dos-,  así es que hemos pedido a nuestra flamante colaboradora que contribuya a nuestro archivo de tradiciones con un referente cinematográfico-repostero, que para eso es su sección. Como no podía ser de otra manera, su juventud ha escondido los buñuelos o los mazapanes en el arcón de la abuela y ha decidido que, o tus referentes son Los Goonies, o eres de la generación el El Tenorio, dejándonos a unos cuantos, que ni una cosa, ni la otra, en un especie de limbo. En  cualquier caso, esta chica escribe tan bien y hace cosas tan ricas, que ha valido la pena verse catapultada a ese vacío temporal de los ni tan viejos ni tan jóvenes. Sus explicaciones vienen ilustradas por las fotografías de la gran Flora González, que no ha tenido tiempo de firmar sus fotos y a quien he prometido que dejaría constancia de su autoría. Pasen y disfruten.

Pesadilla de jenjibre para Todos los Santos

El 1 de noviembre en España (esta España mía, esta España nuestra) era un fantástico día festivo en el que nuestras abuelas iban a limpiar las lápidas de nuestros antepasados, nuestros padres iban al teatro a ver Don Juan Tenorio y nosotros comíamos buñuelos mientras veíamos Los Goonies, La princesa prometida, El retorno del Jedi o Regreso al futuro. Cada uno repetía este ritual año tras año con devoción sin sospechar que las generaciones venideras llamarían a la puerta diciendo “truco o trato”, siguiendo la tradición estadounidense de Halloween.

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Sin ser fanática de los centros comerciales llenos de productos tuneados de jack-o’-lantern (la calabaza de carita macabra), pero tampoco de las procesiones de Triana, he decidido celebrar este día de todos los santos con unas galletas de jengibre con forma de esqueleto. Y es que parece ser que, después de todo, Halloween, All Hallows’ Eve o víspera de todos los santos, proviene de un rito celta para poner fin al verano y dar paso al invierno proveyendo a los muertos comida y sustento suficiente para lo que venga. Una maravilla de humor negro. La religión católica venera también a sus muertos desde hace siglos y en una campaña extraordinaria de marketing como a las que nos tienen acostumbrados, absorbió la fiesta pagana.

Pesadilla de jengibre para todos los santos

Cabezas del protagonista de Pesadilla antes de Navidad, Jack Skellington, en la exposición de la Cinematèque française en 2012.

Tim Burton es el cineasta que vive permanente en Halloween. Sus películas están llenas de personajes oscuros, enfermizos, incomprendidos y atormentados. Llenas de imaginación y todo bien “attrezao”, como decían los de La hora chanante.

Burton tiene una filmografía extraña, no por esos personajes tan raritos y maravillosos, sino por tanto vaivén en la calidad de sus películas. Da la sensación de que son los trabajos de manualidades de un genio perezoso. Por orden cronológico salvaría, dos puntos: los cortos Vincent y Frankenweenie, Beetlejuice, Eduardo Manostijeras, Batman y Batman Returns, (Kevin Smith las salva pese a su afrenta con Burton y yo también), Pesadilla antes de Navidad, Ed Wood, Mars Attacks!, Sleepy Hollow, La novia cadáver, Sweeney Todd y el largometraje Frankenwinnie. ¿Qué le pasó con el corto de Hansel y Gretel a la japonesa (me tiene entre el odio, el desconcierto y la devoción), Charlie y la fábrica de chocolate o Abraham Lincoln: cazador de vampiros, entre otras? Dejo a Smith despachando:

Pesadilla antes de Navidad tiene de Tim Burton la historia, los personajes y la producción. En la ciudad de Halloween, donde viven todas las criaturas que atemorizan a los niños, Jack Skellington es el rey de las calabazas. Es un rey hundido por la rutina del mal, que descubre la ciudad de la Navidad y decide organizarla él ese año. Pero tras el secuestro de Santa Claus, la vida de Jack corre peligro. Para que haya buenos, debe haber malos. Vaya.

Para completar la presencia de hombres de jengibre en la historia del cine, tengo que presentar a la galletita de jengibre de Shrek. Aquí va su terrorífica historia de San Valentín, para inspirarse en la elaboración:

Ingredientes:

600 gr de harina

1 cucharada de levadura

1 cucharada de jengibre en polvo

1 cucharita de canela

1 cucharita de nuez moscada

1 cucharita de clavo molido

1 pellizco de sal

100 gr de manteca o mantequilla

100 gr de melaza

200 gr de azúcar moreno

100 gr de agua templada

1 huevo

1 cucharada de esencia de vainilla

100 gr de azúcar glasé

Elaboración:

En la preparación de la masa hay dos fases: la mezcla de los ingredientes sólidos y la de los líquidos o viscosos. Es una regla básica, como respetar el eje en el cine. Si quieres hacerte el postmoderno y te lo saltas, allá tú, pero aquello no va a cuajar tan bien como cabría esperar.

 

Primero tamizamos la harina, junto a la levadura, el jengibre, la canela, la nuez moscada, el clavo y la sal. Reservamos y en otro bol más grande mezclamos la manteca derretida, la melaza; que pese a ser miel de caña tiene cierto regusto amargo (y eso que la mía estaba bendecida), el azúcar moreno; el agua templada, el huevo y la esencia de vainilla o azúcar avainillado.

 

¡Pillada de salto de eje! El azúcar no es líquido pero es necesario que lo mezclemos con estos ingredientes ya que si no, no se disolvería bien. Una vez mezclado todo se va incorporando la harina. Si al terminar de incorporar toda la harina aún no se puede amasar, hay que echar poco a poco más harina hasta que tome la consistencia justa. Una vez que la podemos manipular con las manos, amasamos brevemente. Luego dividimos la masa en tres, envolvemos en papel transparente y dejamos reposar en el frigorífico tres horas.

 

Transcurridas tres horas, sacamos las bolas de masa y extendemos con el rodillo para obtener una masa de unos dos milímetros de grosor. Mientras recortamos la masa con nuestros moldes de señores anónimos, vamos precalentando el horno a 180 grados. Después, hornearemos cada tanda durante diez minutos.

Para decorar, ponemos 100 gramos de azúcar glasé en un cuenco y echamos agua poco a poco. Es fundamental que la pasta sea bastante densa, eso facilitará la decoración.

Las cantidades de esta receta son de familia numerosa, así que os saldrán muchas. Como a Tim, que desde que dio con su receta, no para de hornear.

La casa huele tan bien después de hacer esqueletitos de jengibre que estoy por patentar la receta como ambientador.

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4 pensamientos en “Pesadilla de jengibre para Todos los Santos

  1. Pingback: Fotos de galletas para el blog de Miss Bombones | flora gonzalez fotografia

  2. Yo a Burton la que no le perdono jamás es la de El Planeta de los Simios. NUNCA JAMÁS.
    Me ha encantado lo de “señores anónimos” xD

    Por cierto, en IKEA en navidad sacan unas velas de olores de postres caseros (tarta de manzana, de chocolate, de galletas de jengibre) que huelen a HOGAR aunque en tu casa nunca se hayan hecho esas cosas. Lo sé porque me quedé atascada en esa zona olisqueando velas mucho rato… yo quería irme… pero…

  3. ¡Ay!… Miss Missbombones… Juro que mientras leía tu post pensaba exactamente en eso: lo rico que debía oler todo… Enhorabuena repostera, escritora y fotógrafa: este blog es cada vez más completo, entretenido y delicioso.

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