Coge los cannoli y corre


Finales de película

No era un farol, estrenamos sección y lo hacemos a lo grande. Si comer es uno de los grandes placeres de esta vida, el cine no lo es menos. ¡Cuántas escenas definitivas, cuántos grandes personajes asociamos más a la comida que a la propia trama de la película que protagonizaban! Gourmets o pobres Carpantas, estos guionistas y su amor a la comida proporcionan a nuestra nueva colaboradora la excusa perfecta para llevarnos a dar un sensual paseo por un repertorio repostero  y cinematográfico que desvelará lo que tienen en común el buen cine y la buena mesa.

Señoras, señores, ocupen sus localidades, acomódense y dejen que Luci Bom les acompañe en este placentero viaje.

COGE LOS CANNOLI Y CORRE by Luci Bom

Siempre se sabe con quién se empieza una comida pero nunca con quién se acaba. Más aún si la cosa nostra se encarga del banquete. Así que mucho cuidado con las generosas invitaciones que huelan a pólvora. Las que desde hoy os presento en Finales de película, con Miss Bombones de bella consigliere, vienen llenas de celuloide y azúcar, para enseñar la cara más golosa del cine.

En las tres entregas de El Padrino la comida viene y va, y los postres circulan sin fin: las tartas de boda, los roscos de cumpleaños, las cajas de galletas que esconden una pistola y los cannoli. Hay dos tipos de cannoli, los envenenados y los que no. Aquí pondremos la receta del segundo. Una pena, lo sé, para aquellos que creían que por fin tendrían la clave para deshacerse elegantemente, entre aria y aria, de ese desalmado que tanto se lo merece. Aunque aún estamos a tiempo de que os haga una oferta que no podáis rechazar.

Los cannoli son un postre siciliano, que suele comerse en Carnaval y que los italoamericanos llevan por bandera. Las historias en torno a las comidas me apasionan. No les concedo ninguna credibilidad, o tanto como ver a la joven Diane Keaton enamorada de Al Pacino, el niño favorito de Vito Corleone, paseando por las calles de Nueva York sin conflicto alguno. Vuelvo a ver El Padrino y me dan ganas de decirle: “Nena, llama a Woody para decirle que irás al psicoanalista, que dejarás a tu novio mafioso y que vivirás con él en su loft donde suena Lester Young”. Eso sí, como mujer atemorizada por el fantasma de Michael, con los chicos ya felizmente criados, casada de nuevo y con trajes de chaqueta ochenteros, lo borda.

 

Del “menos mal que no vengarás la muerte de tu padre” al “te he visto en Pactar con el diablo y me dejaba cortar el dedo pequeño del pie por borrarte de la faz de la tierra”.

Cuentan que las primeras noticias escritas que nos han llegado sobre los cannoli son de Marco Tulio Cicerón en su comienzos como político en Lilibea: “Tubus farinarius, dulcissimo edulio, ex lacte factus” (“tubo de harina, hecho con leche, para un dulcísimo manjar”). Que sea de los cannoli de lo que habla o de algo parecido, no lo sabremos. Intentaremos, pues, creerlo, perdonarlo y superar el trauma que nos dejó por tener que traducir sus Catilinarias en el instituto.

Coppola habla de la importancia que tenía este postre en su infancia, cuando su padre llevaba a casa una caja de cannoli y cómo el quedarse castigado sin comerlos era un drama. Pobre. De ahí que lo utilizara en la trama de dos secuencias. Una es en la primera parte de El Padrino cuando Clemenza sale de casa, de camino al asesinato de Poli, que espera dentro del coche. Su mujer le entrega una caja de cannoli y le dice: “Don´t forget the cannoli” (no olvides los cannoli). Tras el asesinato, Clemenza le pide a Rocco: “Leave the gun. Take the cannoli” (deja la pistola, coge los cannoli). Un verso perfecto para expresar la cotidianidad del asesinato y el estatus supremo de la familia. No pasa nada si matas a bocajarro tres o cuatro hombres al día, pero ¡ay de ti! si no llevas los cannoli a la mamma.

Podríamos alargar la lista de metáforas visuales a la trilogía pero mi favorita es la aparición estelar de las naranjas en cada una de las entregas. (Spoiler.) En la primera Vito es tiroteado mientras compra unas naranjas y otras frutas placenteramente, las naranjas ruedan por la calle pero el zumo no llega al río. En Una terapia peligrosa calcan casi plano por plano la escena; esta vez el hijo es Robert de Niro. Será en esta primera parte en la que Vito muere entre las tomateras, de un ataque al corazón, al jugar con su nieto a hacerse el monstruo poniéndose una dentadura hecha de la cáscara de una naranja. Quién le diría a él que el rojo de su ropa al morir sería de salsa de tomate.

En la segunda, Michael devora la pulpa de una naranja momentos antes de dar la orden de matar a su hermano Freddo. Y en la tercera, Neri pela una naranja en la cocina durante la conversación en que Michael tiene la epifanía de que Altobello le traiciona (le cuesta un ataque al corazón) y más adelante, cuando conversando con el futuro Papa, siente que va a desfallecer, pide un zumo de naranja con su último aliento. Naranja es drama. Mi homenaje a este detalle lo he incluido en la receta al añadir unas gotas de agua de azahar al relleno de ricota. También me he permitido otro capricho en la receta al utilizar mantequilla en vez de manteca para la masa, en recuerdo a Marlon Brando y su papelón en El último tango en París.

La otra aparición de los cannoli es en la tercera parte. Constanza le regala a Don Altobello una caja de cannoli por su cumpleaños, la noche en que Tony, el hijo de Michael Corleone, protagoniza la ópera La cavalleria rusticana. Él le regalaba caramelos cuando era una niña y ella le devuelve el cariño, como sólo una siciliana sabe hacer. Es una de las muertes más placenteras del cine; no podrá quejarse Eli Wallach, a quien en El bueno, el feo y el malo, le tocó ser el feo. Todo no se puede, Eli.

Connie_and_Altobello

Disfrute de la función, eterna.

Para ponernos manos a la masa os aconsejo que investiguéis las tiendas de vuestra ciudad e intentéis conseguir los productos adecuados. Siempre se pueden hacer variedades pero resulta divertido intentar ser Constanza por un día.

 Cannoli 

Ingredientes para la masa:

200 gr de harina

20 gr de manteca de cerdo o 30 gr mantequilla

20 gr de azúcar

60 ml de vino Marsala

1 cucharada de cacao amargo en polvo

1 cucharada de aceto balsámico

1 pellizco de sal

Ingredientes para el relleno:

500 gr de ricota de oveja

180 gr de azúcar

1 cucharadita de agua de azahar

Pepitas de chocolate

Elaboración:

La ricota de oveja es la más adecuada porque es más seca y el sabor es más intenso, pero si no tenéis a mano ricota de oveja la de vaca sirve. Pero attenzione: es importante eliminar todo el líquido posible ya que si la crema de ricota contiene mucho suero empaparía el cannoli crujiente al rellenarlo y dejaría de ser crujiente. La ponemos en un escurridor media hora y luego la ponemos en un paño de hilo o algodón y apretamos escurriendo fuerte hasta quitar todo el líquido posible. Es el mismo proceso que se utiliza en la elaboración de quesos.

la foto

Para la masa se expande la harina dejando un hueco en forma de volcán, y se echa el resto de ingredientes, que se van mezclando con el dedo poco a poco. Una vez que están mezclados la mantequilla (en dados y a temperatura ambiente), el azúcar, el vino, el cacao amargo en polvo, el aceto y la sal, se va mezclando con la harina. (Es muy útil realizar este proceso con una sola mano por si con la otra necesitas atender cualquier otra necesidad: coger a un churumbel que te reclama, llamar a los bomberos o atender a la mamma que te llama por teléfono.) Después, reza dos ave marías para que la masa se deje tratar. Se necesita un buen rato para que sea manipulable. Es una masa complicada, pero el sabor merece la pena. Se deja reposar una hora y más tarde se divide en trozos que se extenderán en cuadrados de unos ocho centímetros, y un grosor de dos milímetros o un poquito menos. Se enrollan en unas cañas metálicas, mojando las puntas para que al freírlos no se abran. Es recomendable freírlos en aceite vegetal: de girasol, de lino o de cacahuete. Este último aceite parecer ser el fetén, pero no es tan asequible ni barato como el de girasol.

Eliminado el suero de la ricota, se bate suavemente echando las gotas de agua de azahar y el azúcar. Se le añaden trocitos de chocolate o frutas escarchadas y se reserva en el frigorífico hasta el momento de rellenar los cannoli. Yo hice unos con perlas de chocolate negro y otras con grageas de mandarina cubiertas con chocolate con leche. En la decoración se ponen también los chocolates y azúcar glasé.

Una variante decorativa que he visto, pero que intento olvidar, es la guinda en almíbar, partida por la mitad, al final del cannolo. Me resulta tan casposo, gastronómicamente hablando, como la salsa rosa o Andy García en el papel de Padrino. Pero si Coppola se lanzó, vosotros también podéis. Coraggio!

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Un pensamiento en “Coge los cannoli y corre

  1. ¡Estaba deseando que publicáseis la receta!
    Me encantan, tienen una pinta fantástica.

    Por cierto, que estoy deseando ver qué nos depara esta nueva sección en el futuro, promete.

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