Del armario en el ángulo oscuro…


Esta semana está haciendo mucho calor y encender el horno se me estaba haciendo cuesta arriba, así es que, aunque no he parado todavía en todas las estaciones de la ruta que me marqué, he decidido hacer un poco de trampa y saltarme mi propio plan de estudios a la torera. Con la llegada del calor me ha entrado también una necesidad loca de arreglar el nido y me he lanzado a limpiar y reorganizar armarios. Para mi sorpresa, en el fondo de la alacena he encontrado una pastilla de turrón que debió quedarse allí, del armario en el ángulo oscuro, de su dueña tal vez olvidada… Así pues, a reciclar se ha dicho: no sólo de Navidades vive el turrón. Para no parecer el camarero de toda la vida, del restaurante tradicional de toda la vida, ofreciendo el omnipresente helado de turrón de las cartas de postres de toda la vida, he preferido preparar una terrina con una mousse ligera y esponjosa.

Terrina de turrón

Ingredientes

25 cl de nata líquida (muy fría)

4 cucharadas soperas de azúcar glass

5 – 6 hojas de gelatina

200 gr. de turrón de Jijona

4 huevos

Ron

12 – 15 bizcochos de soletilla

Cacao en polvo

Elaboración 

Picamos el turrón hasta obtener una masa y le mezclamos un chorritín de ron. Mejor si tenemos picadora. No pasa nada si quedan tropezones, le dan textura a la terrina y mucha alegría al que se los encuentra comiéndola.

Ponemos las hojas de gelatina a remojar en un cuenco con agua fria durante unos minutos.

Separamos las claras de las yemas e incorporamos las yemas al turrón picado.

Apartamos un poco de nata y la calentamos bien.

Escurrimos la gelatina y vamos disolviendo las hojas, una a una, en la nata caliente, ya fuera del fuego. Removemos hasta que la gelatina  se haya deshecho completamente. Mezclamos también con la masa de turrón, procurando que quede muy bien incorporada.

Montamos el resto de la nata y vamos añadiéndole el azúcar glass. Una vez montada, mezclamos con el turrón con suavidad.

Montamos las claras a punto de nieve y las incorporamos poco a poco.

Forramos un molde con film y vertemos la mousse.

En un almíbar clarito, mejor si tiene un poco de ron, mojamos los bizcochos y los colocamos hasta que cubran toda la superficie de la mousse.

Refrigeramos un mínimo de cuatro horas, desmoldamos dando la vuelta, de manera que los bizcochos quedan de base de la terrina. Cubrimos con cacao en polvo y servimos.

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