Algo para mojar: el churro


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Apenas comienza el mes de marzo, la ciudad de Valencia se impregna de dos olores que forman parte sustancial de nuestra identidad: el de la pólvora, que nos invade a diario llueva, truene o haga sol, y el de las frituras de los cientos de puestos callejeros de churros y buñuelos que, de la noche a la mañana, se instalan por toda la ciudad. Cuando esto sucede, los valencianos decimos que ya huele a fallas. Y este olor, cual feromona que nos impulsa de manera irremediable, hace que nos pongamos todos a comer churros y buñuelos como si no hubiera un mañana. La dosis de todo un año concentrada en un par de semanas porque, cuando las fiestas terminan, si te he visto no me acuerdo, y el resto del año no es tan fácil encontrar churros recién hechos en ésta nuestra ciudad, salvo en unos pocos lugares que se cuentan con los dedos de una mano.

Aunque el valenciano de pro tiende a ser más de buñuelo, yo soy muy de churro, qué se le va a hacer, por eso me he llevado una enorme alegría al comprobar que son fáciles y rápidos de hacer. Y además, cunden. Puedes hacer un montón de una tacada, dejarlos ya formados y congelarlos. Ni que decir tiene que, desde que lo he descubierto, tengo el congelador lleno de churros.

Los churros son masas fritas y éstas son, a su vez, derivadas de las masas escaldadas o choux. Una masa de elaboración fácil y barata: no lleva más que agua, harina, aceite y sal. Tomad nota:

Ingredientes:

1000 ml agua

15 gr sal

100 ml aceite de girasol

750 gr de harina

Con estas cantidades salen un montón de churros. Si hacemos la mitad tendremos entre 3 y 4 docenas de churros.

Elaboración:

Calentar en un cazo el agua, el aceite y la sal, removiendo de vez en cuando. Cuando rompa a hervir de manera uniforme, retirar del fuego. Es muy importante que no hierva durante mucho tiempo, para evitar que se evapore parte del líquido y las proporciones queden desequilibradas.

Añadir la harina, tamizada, de golpe. De este modo, la harina absorbe el agua por igual.

Mezclar enérgicamente para deshacer posibles grumos. Volver a colocar en el fuego y escaldar la masa hasta que se despegue de las paredes del cazo (no del fondo) y quede uniforme.

Llenamos una manga pastelera con una boquilla rizada y no muy grande (si la boquilla es grande quedan muy gordos y no fríen igual, pueden incluso quedar un poco crudos por dentro y hacerse indigestos) y vamos formando los churros. Podemos hacerlo directamente sobre el aceite hirviendo o sobre papel de cocina y freírlos juntos después. La masa queda densa y hay que hacer bastante fuerza para que salga. Si usamos mangas desechables de plástico pueden romperse por la presión. A mí me pasó y tuve que cambiar de manga varias veces. Al final opté por ponerla doble. Si tenemos una manga de tela, mejor. Tengamos a mano unas tijeras para ir cortando los churros cuando tengan la longitud que queremos. Esta masa se puede reservar hasta 24 horas en la nevera, bien tapada con un film .

Azúcar en cantidades industriales para rebozarlos, un chocolate o un buen café…

¡Y que ustedes lo mojen bien!

 

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