Y a medianoche, el dulce mazapán se convirtió en calabaza.


El 1 de noviembre se celebra en los países de tradición católica el Día de Todos los Santos. Pegadito a esta fecha, a veces la víspera, a veces el día posterior, se celebra el Día de Muertos Día de los fieles Difuntos. Este fin de semana, por ser el más cercano al día 1 de noviembre, se celebra, pues, Haloween (All Hallows’ Eve, ‘Víspera de Todos los Santos’). Parece ser que es una tradición de origen celta que, como todas las fiestas paganas, la iglesia se encargó de cristianizar. En cualquier caso todos coincidimos en que esa noche las almas de los muertos y las de los vivos se encuentran más cerca que nunca. Toda una serie de rituales ayudarán a acercarnos a los más queridos y a despistar o ahuyentar a los malignos. Por eso nos disfrazamos, encendemos velas o preparamos adornos florales.

Entre las múltiples tradiciones y rituales que rodean la fiesta hay también, cómo no, todo un universo de tradición repostera. En España son característicos los buñuelos de viento y, sobre todo, los huesos de santo, unos rollitos de mazapán rellenos de yema que recuerdan a un hueso con su tuétano.

Huesos de santo rellenos de almíbar de yema cubiertos con una fina capa de glasa.

Desde la época en que John Carpenter estrenase su película Noche de Halloween, allá en 1978, la forma estadounidense de celebrar la festividad se ha     extendido como la pólvora a lo largo y ancho del planeta. Todos se apuntan a la moda: los supermercados se adornan con murciélagos, calabazas, zombies y telarañas; las pastelerías de nueva tendencia ofrecen tartas con lápidas y momias, galletas decoradas en forma de fantasma y cupcakes de color negro y naranja recubiertos de telas de araña, relegando al delicado mazapán a los escaparates de unas pocas y selectas -muy selectas-confiterías.

Halloween, bien presente en el supermercado. Ni rastro de los huestitos…

La omnipresente calabaza

¿Y por qué una calabaza? Como ya sabemos, en esa noche los espíritus vagan libres por la tierra y visitan las casas. Algunos son buenos y otros no tanto. Entre ellos hubo uno bastante malvado que después de conseguir engañar al diablo y evitar el infierno, no pudo entrar en el cielo por su mala vida pasada. Total que, sin poder ir al cielo ni al infierno, se vio condenado a vagar por la oscuridad con la única luz de un carbón ardiendo dentro de una calabaza hueca. Supongo que se eligió la calabaza porque es bastante resistente y fácil de tallar y también porque esta fiesta coincide con la época de la cosecha de la calabaza y debía de haberlas en abundancia.

Como no hace tanto que estuvimos hablando del mazapán, he pensado que para esta ocasión podría preparar un Pumpkin pie, la tarta de calabaza más tradicional en Estados Unidos, que se prepara tanto para Halloween como para El día de acción de gracias (Thanksgiving), que se celebró justo ayer. Es una tarta potente, de cuando empieza a notarse el frio, que tiene como base una especie de masa quebrada y lleva un relleno a base de huevos, nata, azúcar y puré de calabaza. Es fácil de hacer y da muy buen resultado. Servida con una buena cucharada de nata montada resulta una merienda perfecta. Aunque ya la había hecho hace muchos años, no tengo receta propia, así es que he “buceado” en internet y he adaptado la receta de El rincón de Bea , que es la que más me ha recordado a la que yo hacía en Estados Unidos.

PUMPKIN PIE

PARA LA MASA (para un molde desmontable de 20 – 22 cm):

120 gr. mantequilla muy fría cortada a cubitos de 2 x 2 cm.

175 gr. harina

1 cucharada azúcar

1/4  cucharadita de sal

3 ó 4 cucharadas de agua bien fria

PREPARACIÓN:

La clave de esta masa es que todos los ingredientes estén bien frios, sobre todo que no se caliente la mantequilla. Para evitarlo, yo la mezclo en un bol dentro de otro más grande con cubitos de hielo y agua, de esta manera mantenemos muy baja la temperatura de la mezcla.

– Introducir todos los ingredientes en el congelador durante 15 minutos.

– Mezclar en un bol la harina con el azúcar y la sal, a continuación añadimos la mantequilla en cubitos y vamos incorporándola rompiéndola con un tenedor hasta que obtengamos una mezcla arenosa con trocitos de mantequilla del tamaño de un guisante.

– Añadir el agua poco a poco y continuar mezclando unos segundos más. Una vez incorporadas las primeras cucharadas de agua, es más cómodo volcarla en el banco para seguir incorporándole el agua. Esta masa no hay que trabajarla mucho; aunque dé la sensación de que no se liga, de pronto todo se une y podemos formar una bola. Cuando lleguemos a este punto no amasaremos más.

– Hacer  un disco de unos 15 cm. de diámetro. Envolverlo en papel film y refrigerar durante 1 hora como mínimo. Cuanto más se enfrie, mejor. La podemos preparar y dejar en la nevera incluso de un día para otro.

Cuando saquemos la masa de la nevera estará muy dura, la dejamos atemperar uno tres o cuatro minutos para poder estirarla con el rodillo. Formaremos un círculo y cubriremos el molde previamente engrasado. La masa debe cubrir bien el borde.

Volveremos a meter la masa en la nevera durante unos 30 minutos.

Precalentaremos el horno a 180º.

Blanqueamos la masa durante unos 15 minutos: cubrimos el fondo con papel de cocina, ponemos unas legumbres encima y horneamos.

Dejar enfriar la masa dentro del molde sobre una rejilla, mientras preparamos el relleno.

Bajaremos la temperatura del horno a 175º

INGREDIENTES PARA EL RELLENO:

3 huevos

1 1/2 cucharaditas de canela

Ralladura de limón (optativo, pero da mucho aroma)

Especias: hacemos una mezcla de canela, clavo, jengibre y nuez moscada. Podemos hacerla a partes iguales o destacar la especia que más nos guste.

150 ml. nata líquida

150 ml. leche entera

175 gr. azúcar moreno

450 gr. puré de calabaza (Para obtener el puré de calabaza deberemos asarla en el horno o hacerla al vapor hasta que esté blandita y luego triturarla. Si la hacemos al vapor, después de triturarla deberemos colarla para que no tenga nada de agua. Esto es mejor hacerlo de un día para otro. Yo he comprado calabaza asada en el mercado: como es temporada está rica y barata; después he triturado la pulpa con la batidora y ha salido un puré liso y muy bueno).

PREPARACIÓN:

Colocar en un bol los huevos, batirlos ligeramente y mezclar con todas las especias hasta que estén perfectamente integradas.

Añadir la leche, la nata líquida, el azúcar y mezclar bien.

Pasar esta mezcla por un colador sobre un cazo para evitar que tenga grumos.

Añadir a esta mezcla el puré de calabaza y cocinar a fuego lento – bajo durante unos 7-9 minutos, removiendo constantemente hasta que parezca que ha espesado un poco o marque 60º en un termómetro. No debemos dejar que se cuaje ni que hierva, de lo contrario tendríamos que tirar esta mezcla y empezar de nuevo. Retirar del fuego.

Si la masa se ha enfriado totalmente, la meteremos 5 minutos en el horno a 175º que teníamos ya precalentado.

Pondremos la mezcla sobre la masa y hornearemos durante 30-40 minutos o hasta que el relleno haya cuajado. El centro del pastel se deberá mover un poco, como si fuera una gelatina, pero terminará de cuajar mientras enfría.

Dejar enfriar sobre una rejilla al menos 2 horas.

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